jueves, 7 de julio de 2016

Placebo

Es como una droga. O más bien, una adicción a cualquier cosa, en realidad.
Como un violento episodio maniático, mis dedos, mis uñas, recorren los recovecos visibles y los ocultos de tu piel.
Pero esa no es la adicción.
La adicción es el provocar y tentar al dolor.
Y puedo decirte, sin lugar a dudas, que me provocas y compartes los dolores más placenteros.
Eso es lo que busco.
No debería caer, no debería asomar mi humano y estúpido pellejo al borde del abismo.
Sé lo que eso me hace.
Me marea, me irrita, me enferma. Me pone en un estado de nervios,
alteración creciente.
Me hace llorar. Me hace querer saltar.
Me hace querer volver al dolor real, que quiero reemplazar con el lujurioso y placentero dolor
que pretendo abarcar.
Uno. Una. Unos. Unas.
Todos. Un medio para un fin. Y un fin,
para un dulce, dulce medio.
Las cadenas pueden aparecer en mi cabeza,
moralistas ecos que retumban, pero pronto quedan fuera.
No me importan luego.
Quiero el ardor, del dulce y maniático dolor.
No me importa que me lastime,
te estoy dando mi permiso
y pidiendo por ello.
No, querido.
No, querida.
No es una fantasía,
es un anhelo,
es una necesidad que emerge urgente.
Quizás sea malo
el querer tanto ese calor, ese ardor.
Mis alas también se derretirán si me acerco mucho al sol?
Quién sabe.
Solo necesito.
Necesito.
Pedazo de mi cielo, no me pidas nada,
que no sabes lo que estas haciendo.
Soy sol caliente y destructor,
pero la luna sombría, nocturna y cíclica
también brilla en mí.
No busco mi droga,
sólo a mi placebo
por todo el tiempo que puedo.

jueves, 5 de mayo de 2016

Gravedad.

Y nos caemos,
Tropezamos y caemos
uno sobre otro.
Tan fuerte caemos,
nos empujamos.
Nos arrastramos por los rincones,
por todos nuestros rincones.
Casi puedo percibir
la esencia del calor,
cuando todas nuestras capas se desprenden.
No me conoces
y no te conozco,
pero esto,
esto me urge.
Los recovecos, paredes,
mesas, pisos,
se vuelven importantes
en el trabajo de nuestras manos,
para el roce de la piel,
para nuestra degustación.
Hacemos un festín de nosotros.
Las papilas gustativas
con el gusto de la carne encima,
preparan el camino.
No queremos ir al cielo,
no ahora.
La gravedad nos pesa mucho,
no queremos elevarnos,
nos lleva hacia abajo,
y allí es donde más queremos aferrarnos,
al menos por ahora.
La suavidad de la piel,
la vigorosidad del toque de nuestros dedos,
enloquece la llama
y podríamos provocar grandes incendios.
El calor del fuego que se aviva,
recibe y envuelve,
con fuerza,
al visitante que impetuoso llega.
Los labios no son suficientes,
los dientes están celosos
y dejan un camino nuevo y ardiente en la piel.
La intensidad que admiro
se acrecienta,
y las uñas se me parten,
intentando contener lo que se desborda.
Ruidos intensos en el aire,
una bruma que se expande,
gemidos que dicen "No",
pero placeres que dicen "Sí".
Ahí están.
Encuentros.
No te conozco
y no me conoces,
pero sabes que esto,
sea lo que sea
este revoltijo de piernas, sabanas y fuegos,
esto me urge.
Esto me pesa.
Pero es culpa de la gravedad,
nos arrastra hacia abajo
y así nos caemos,
tan fuerte.


Bien.

Me siento bien.
No, no es mi nuevo mantra,
Ahora es de verdad, Creo.
Cuesta acostumbrarse,
acostumbrarme,
a mí.
Mis demonios me seducen
y vienen a jugar
tierna, dulce, provocadoramente,
de tanto en tanto.
Pero ya no me ahogo en ellos.
Mis demonios hoy son mis juegos,
me entretienen
desnuda y pesadamente,
bajo un halo de vicios y humos oscuros,
pero sólo me recreo en ellos,
ya no vivo de ellos.
En la seducción de la nostalgia,
como barco en el océano me tambaleo,
desnuda,
mientras el cuerpo se me bambolea de lado a lado.
Disfruto el golpeteo,
la fiereza y la fuerza
(placer y vicio culposo quizás),
pero sin culpa.
Me acepto a mí.
Estoy bien.
Muchos puentes crucé,
y más me han de esperar a la vuelta de cada esquina.
Y honestamente,
no veo la hora de verlos llegar.
Ahora sé que soy capaz de todo.
Ahora sé que siempre puedo más.
Sé que mi sangre sí corre,
sé que hay muchos vicios y placeres que me hacen vibrar.
Ahora sé
que la piel me responde
y que me siento bien.
Y esta vez, aunque me cueste creer,
es de verdad.

martes, 26 de agosto de 2014

mi nirvana

Nunca entendí el porqué
de tantas cosas,
de las limitaciones,
de los dolores,
de los sueños rotos,
de las flores marchitas,
del no querer,
del puto dolor dando vueltas,
una y otra vez.
No me puedo limitar
al elegir si blanco o negro,
me costó replantearme muchas cosas en mi vida.
Me cuesta replantear,
plantearme todo, desde un mismo
y un distinto lugar.
Tengo que caminar,
caminar, caminar,
y las piernas quieren empezar a trotar.
Pero la respiración falla,
la limitación se hace presente,
se rompe un sueño,
me detengo a ver las flores
y ya no son tan vivaces.
No, las flores fueron llevadas.
Por favor, que el dolor no vuelva,
sólo quiero estar
entre brazos de alguien.
No quiero escoger,
que las dudas reflotan.
Que sean brazos,
que sean personas,
que sus corazones me hablen,
pero que no me dejen sola.
Dejame buscar un poco de mi propio nirvana,
todo estoy acostumbrada
a hacerlo sola,
pero acompañame en la mierda
que se me asoma en las ojeras.
Cuando mi nirvana sea conseguido,
lo quiero compartir.
Sin limitaciones,
sin dolores,
con sueños perseguidos y alcanzados,
con semillas jóvenes
para plantar nuevas flores,
sólo nirvana,
dando vueltas
en mi duro y dulce nirvana.

dolores

Las paredes de mi garganta
se cierran,
como los muros de un edificio
que ha sido detonado,
se caen, se vienen encima.
Oh,
no sé en qué momento comprendí
que te había amado.
Tan poco tiempo,
menos del que quisiera,
y me dueles tanto.
O al menos creo que era eso.
Nunca supe cómo hacer así,
las cosas bien.
Decime que estoy loca,
pero esa es mí cosa.
Creo que te quiero,
y eso es lo que me esta matando.
Me duele,
me dueles,
me dolían.
Me duelen.
Tantos dolores por aliviar,
tantos dolores sentidos y por sentir,
y otros tantos reprimidos.
Ay, no sé,
simplemente no quiero más.
No te sumes, por favor,
no seas uno más.

domingo, 4 de mayo de 2014

Lagrimas de whisky

No, por favor,
no es llanto lo que atraviesa mi cara,
son gotas de whisky pérdidas, que buscan su camino
de vuelta a su casa.
Esfumandome
 entre el humo de un cigarrillo,
varios cigarrillos
mi whisky persigue su camino a casa.
El vaso no me deja,
el vaso me delata,
las lagrimas de whisky sólo quieren volver a su casa.
Entre diversos humos
la noche se esfuma,
como el dolor de los golpes,
y de tantos roces
que sólo me divierten
y me hacen reír.
Me río para evitar
que más lagrimas de whisky intenten al vaso alcanzar.
Peleo y la quemazón,
(tan dulce
como el ardor de un viejo amor)
del whisky
y del humo
bajan tan profundo y me impregnan hasta el corazón.
No, no debo llorar,
sino no podré parar.
Mientras otra letra suena en el fondo de mi cabeza,
casi siempre en ritmo de jazz
y las lagrimas de whisky que siguen tratando de escapar
aprovechan la letra
de una canción cualquiera que me rodea,
y yo ni siquiera me había dado cuenta.
De la misma humareda que me fui,
a veces vuelvo,
con mi vaso en la mano,
con los bordes
(siempre con labial manchados, delatandome)
al mismo ritual,
de buscar y desencontrar,
tantas cosas,
tantas cosas
y manteniendo cautivas a esas lagrimas de whisky
que saben más de lo que jamás me atreveré a contar.

domingo, 19 de enero de 2014

Cubreme de flores

¿Y qué si te pido 
que alguna vez, si tienes tiempo,
si no estamos lejos, ni nos enceguecen los egos,
y si volvemos a tener tiempo,
que me hagas un favor?

¿Y qué si te pido que me cubras de flores
de punta a punta,
qué me tiemble el alma
con el mero roce de unos pétalos?

¿Y qué si te pido
que al sentir tus dedos
cures de mi nostalgia
a todos los anhelos que había pensado
nunca iban a ser calmados?

Cubreme de flores, por favor,
y haz que de tanto en tanto,
cuando te recuerde,
sufra de ráfagas de primavera en mi mente.

Cubreme de flores
y que la noche que no se espera
(cuando ya no esperaba nada de ti),
se convierta en un encuentro con el día.

Cubreme de flores
de pies a cabeza,
y que las flores me derrumben toda entereza,
sorprendeme el tacto,
la vista, los oídos, el olfato,
el gusto y demás gustos ocultos,
que nadie puede descifrar.

Cubreme de flores,
porque lo que se buscaba, se encontró.
Lo que se perseguía, se consiguió,
y vacilante ante la duda, todavía,  
de si es verdad o no lo qué pasó,
necesito más realidad para poder encontrar
otra pequeña hoja atrapada en mi cabello,
y que tú, cubriéndome de flores,
no era un sueño.

Y sí, fue un recuerdo...